PuntoIni.net

Noviembre 29, 2006

Una tumba en Colombia

Archivado en: La increíble historia, Reportajes — Ingrid Valero @ 5:51 pm

Reportaje publicado en el libro Voces Nuevas 2005-2006
Taller de Periodismo Literario dictado por el Celarg. Caracas-Venezuela

Inita Val

pablogra-copia

Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en los Estados Unidos
Los extraditables

El jueves 2 de diciembre de 1993 Pablo es víctima mortal de su última confusión. Los golpes que a la puerta da el Cuerpo Elite de la Policía colombiana, él los interpreta como trabajos de reparación en una casa vecina.

Al teléfono, su hijo repite un feliz cumpleaños. Pablo sonríe mientras contempla el tráfico del barrio Los Olivos y luego, la misma voz que años antes ordenó dinamitar la sede principal del DAS, suelta un cariñoso: “Gracias pelao”.

Los próximos minutos sólo sirven para dar cuenta de algo, este hombre no está hecho para ser fugitivo. Nunca lo fue. El escape de La Catedral, tristemente célebre en la historia judicial colombiana, lo hizo por la puerta grande y acompañado de sus lugartenientes.

En este jueves de ocaso, el peso del poder sólo se manifiesta en los 10 kilos de más que le acompañan en su último escondite: Medellín. Los Olivos. Calle 79ª, casa número 45D-94. Rejas de hierro.

Carteles y cruces
El día anterior Pablo culminó la vuelta a 365 días para sumar un año más de vida. Del joven ladrón de lápidas sólo quedaba intacta su familia. Del narcotráfico, una foto en la Revista Forbes. De la violencia, un estigma tatuado con centenares de muertos. Unos con un cartel amarrado al cuello, otros con una cruz de 7 balas grabada en el cuerpo.

Y los más, con la tristeza de ser al final sólo muestra de su poder nefasto.

La debilidad es señuelo
Un plato de espaguetis hace juego con cigarrillos de marihuana a medio acabar. Invade la preocupación en toda la casa. Cientos de recortes de prensa. Un número telefónico del Hotel Tequendama enjugado en el sudor.

Seis veces llamó Pablo esa semana, delatando el único lado débil de un hombre que tuvo a un país en su puño. María Victoria, su esposa. Juan Pablo, el primogénito. Manuela, su hija.

Días antes la inmigración alemana había cerrado de un portazo el último intento que haría por sacar a su familia de Colombia. De las amenazas de “Los Pepes”, el archiconocido grupo en el cual se aliaron sus enemigos, sólo los salvaba la policía colombiana. Irónica situación. Su debilidad se convierte en señuelo.

La oficial de Policía que escuchaba el lejano “feliz cumpleaños” de Juan Pablo lo sabe. Apostados desde hace 14 meses en los sótanos de la escuela Carlos Holguín, el Bloque de Búsqueda en Medellín hace el rastreo de la llamada: Los Olivos. Calle 79ª, casa número 45D-94. Rejas de hierro. Esta vez no fallan.

El primer piso ha sido tomado sin un disparo. Los ruidos continúan. Pablo cuelga el teléfono, se quita los zapatos y empuña una Sig Sauer 9 milímetros con trece balas. Recuerda que con sólo siete puede hacer una cruz. Falta más para rehacer un Cartel.

Una tumba en Colombia
Se despertó antes del mediodía con una pesadilla atravesada.

—Soñé con los bichos, los pájaros de la hacienda- murmuró Pablo, mientras Luz Mila colocaba un plato con spaghetti en la mesa - No se imagina lo berraco que fue subir esos animales todos los días a los árboles para que se acostumbraran a dormir ahí. Necesité más de cien trabajadores para hacer eso…nos demoramos varias semanas… y ahora no me dejan dormir.

Luz Mila sonríe, se sienta junto al Patrón y tijera en mano comienza a recortar un periódico. Cuadrados, rectángulos, titulares, letras grandes y pequeñas. Todas hablan de Pablo. La queja es unánime, mientras la familia del Capo está protegida por un Cuerpo Elite en el Hotel Tequendama, Colombia sucumbe ante la violencia.

—¿Qué querrán decirme esos pajarracos, Milita?

Descalzo sobre el tejado
Esta era la sexta llamada que hacía en la semana. Pablo sudaba, miraba el tráfico y hablaba por teléfono. Sin saberlo, comparte un “feliz cumpleaños” con otros oídos.

Afuera se estacionan 2 furgonetas, un hombre da el positivo al Bloque de Búsqueda. Esta vez no habían fallado, Pablo estaba en el nido.

Con las armas cargadas atravesaron el callejón, para ubicarse en la parte trasera de la casa. Otros hombres empujaron la puerta principal. Pablo confundió los golpes con trabajos de reparación en una casa vecina.

El primer piso estaba vacío. Los ruidos continúan. Pablo cuelga el teléfono, se quita los zapatos y empuña una Sig Sauer 9 milímetros con trece balas.

De inmediato, los disparos. Limón, su guardaespaldas, sale por la ventana y Pablo lo sigue.

La ráfaga de los fusiles son el anuncio de la noticia más esperada por la prensa colombiana, decenas de páginas negras verán luz ese día. Confirmado. Limón cae sobre la acera y Pablo sobre el tejado. 35 millones de personas lo sabrán tras el grito del Mayor Aguilar: ¡Viva Colombia! ¡Hemos matado a Pablo Escobar!

4 comentarios»

  1. Pase por aqui pensando. Que será de la vida de la señorita Valero?

    y me encuentro con esta joya.

    saludos

    Comment por M@goo — Diciembre 5, 2007 @ 9:39 am

  2. digan lo que digan, para mi pablo emilio escobar no era un apersona mala, solo porque era un narcotraficante con caracter y no era hipocrita como lo son varios de todo el mundo, me hubiera encantado conocer a pablo escobar, aunque tengo la edad de su hijo mayor, me seria imposible, pero espero un dia ir a medellin a su tumba resarte y tener esperanza de conocer a su hijo juan pablo

    Comment por miranda owen — Mayo 20, 2008 @ 2:44 pm

  3. no se porque pero no creo que pablo escobar este muerto, era demaciado inteligente , quisiera tener contacto con su hijo juan pablo, ahora llamado juan sebastian que vev en buenos aires, argentina, yo soy mexicana

    Comment por miranda owen — Mayo 20, 2008 @ 2:48 pm

  4. bueno mucho dijeron que cuando pablo muriera el pais cambiaria… si cambio pero para mal en esa decada

    Comment por Irotama — Abril 12, 2010 @ 11:27 am


RSS feed de los comentarios de este post.  TrackBack URI

Comentarios